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Río Nacimiento. Sendas de Oriente

Camino natural y obligado de Almería a Granada a través de este pasillo natural que comunica la costa con el interior, la depresión de Guadix-Baza, el valle del río Nacimiento vertebra todo el territorio entre la solana de la Sierra de Baza y los Filabres y la umbría de Sierra Nevada.

Este paisaje privilegiado ha sido escenario de una larga y rica ocupación humana, que comienza con la cultura argárica, se consolida en el periodo romano y alcanza su esplendor con la civilización hispanomusulmana, donde Fiñana alberga algunas joyas, pero el Castillejo de Abrucena destaca en un escenario excepcional al pie de las cumbres de Sierra Nevada.

 

El Castillejo de AbrucenaEl Castillejo de Abrucena. © Fotografía: Pako Manzano.

Estas construcciones militares nos hablan de un territorio de frontera, en litigio, al que hay que controlar. Pero nuestra comarca nos recuerda los “Senderos de Oriente”, porque siempre tuvo vocación hacia el Este y el mundo musulmán en la Edad Media, a través de la cercana costa y el comercio como vehículo de transmisión no sólo de productos sino también de ideas. No podemos dejar de visitarlo.

 

    • Lorenzo Cara Barrionuevo (Arqueólogo e investigador) y Rafael Montes (Alcalde de Fiñana)

    • Cogemos la A-92 hacia el Norte en dirección a Granada, para  desviarnos por la salida 341 hacia Abrucena, situada un poco antes de los 70 kms de distancia de la capital almeriense. Al llegar a la localidad realizaremos la subida al Castillejo, antigua fortaleza musulmana, mediante un sendero pintoresco señalizado, de 1300 m de recorrido; que parte de la calle del Agua y que presenta alto valor medioambiental y cultural.

      Alcazaba de FiñanaAlcazaba de Fiñana y vista parcial del caserío. © Fotografía: Pako Manzano.

    • Posteriormente retornamos a la A-92, que será el eje fundamental de todo nuestro itinerario cultural de hoy, y continuamos al Norte en apenas seis kms para llegar a Fiñana, que centrará gran parte de nuestro interés de hoy, pues alberga una buena representación de testimonios del pasado hispanomusulmán (una mezquita con su mihrab, una alcazaba y un aljibe), magnífica oportunidad para recrear esta brillante etapa medieval.

      Al término volvemos hacia Almería, y a mitad de camino aproximadamente (unos 30 kms) nos desviamos hacia Gérgal, dominada en la distancia por su imponente castillo señorial, que tendremos la oportunidad de disfrutar de cerca.

 

Programa

    • EL CASTILLEJO

      Del pasado hispanomusulmán perduran los restos de la muralla de El Castillejo, también llamado coloquialmente "casilla de los moros", una fortaleza situada estratégicamente en un promontorio para dominar el río y el camino que iba de Guadix a Almería. Sin embargo también se han encontrado restos de cerámica  neolítica, lo que prueba la utilización de esta atalaya privilegiada desde época remota.

      Ruinas del Castillejo de AbrucenaRuinas de torre y aljibe en El Castillejo de Abrucena.© Fotografía: José Ángel Fernández.    

      Se menciona la posibilidad de que se levantara sobre los restos romanos de la antigua Lauricena, pero en realidad solo quedan unos lienzos de muralla con cuatro torres y un pequeño aljibe de unos 30 m2, con una base de tapial, fábrica de pizarra y cubierto con bóveda de cañón.

      De planta topográfica adaptada a las curvas de nivel y obra mixta, de tapial y mampostería, presenta torreones macizos de diferente tamaño pero siempre rectangulares. Dominando gran parte del conjunto, y sobre un pequeño espolón rocoso, se localiza al interior una torre hueca, de más de cuatro metros de ancho.

      Es obra fundamental del siglo XI y semejante al castillo de Piñar (Granada), aunque la ocupación será especialmente importante en época almohade (siglos XII y XIII), coincidiendo con esta etapa de reactivación de la fuerza política hispanomusulmana frente al creciente avance cristiano. En la antigua vereda de subida se puede observar todavía el tosco empedrado original y, con un poco de suerte, las rodaduras que dejaron las ruedas de los pequeños carros de aprovisionamiento, sistemas tradicionales de transporte hasta hace apenas un siglo. 

      Detalle de una torreEl Interior del aljibe del Castillejo © Fotografía: José Ángel Fernández                                   

      La subida, de cualquier manera, también merece la pena como panorámica privilegiada para disfrutar de unas excelentes vistas sobre el caserío de Abrucena, y más allá, en la distancia, Sierra Nevada al Oeste y Sierra de los Filabres al Este. Subir aquí en esta ruta senderista habrá merecido la pena.

      El estado de ruina y los escasos restos arqueológicos presentes forma parte del histórico abandono, cuando no reaprovechamiento, de unas construcciones definidas despectivamente “de los moros”, y que solo en las últimas décadas han merecido el interés de una sociedad cada vez más identificada con su memoria histórica.

    • ERMITA DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO (ANTIGUA MEZQUITA)

      La actual ermita es una antigua mezquita construida durante el periodo almohade, a finales del siglo XII o principios del XIII, de la que sólo falta el minarete y el patio, además de la remodelación del mihrab. Fue adaptada al uso cristiano como ermita de Santiago en 1502, mostrando así el triunfo de quienes propugnaban la intransigencia religiosa frente a los musulmanes y el incumplimiento de las capitulaciones regulando la coexistencia pacífica entre musulmanes y cristianos. Es el único ejemplar de mezquita conservado en la provincia de manera más o menos completa.

      Ermita de Fiñana (antigua mezquita)Fachada exterior de la ermita de Fiñana (antigua mezquita) © Fotografía: Pako Manzano

      Es un pequeño edificio de planta casi cuadrada cuya sala de oración se divide en tres naves gracias a dos hileras de arcos de herradura levantados sobre cuatro pilares, carentes de decoración y de capitel, con las esquinas achaflanadas, según los modelos de simplicidad y ascetismo de la tradición almohade.

      Pero el espacio más destacable es el nicho del altar mayor albergando la imagen del Nazareno, espacio construido posiblemente hacia el siglo XVII aprovechando el hueco del antiguo mihrab. Este es el elemento más importante de una mezquita y simboliza la presencia de Alá en la sala de oración, situándose en el muro de la quibla o de fondo de la mezquita. Su planta hexagonal se cubría originariamente con una cúpula, símbolo del Universo y del poder absoluto de Alá, según un modelo similar, pero más sencillo, al de la mezquita de Córdoba.

      Su rica decoración exterior en yesería es la aportación artística más importante del conjunto, adaptándose al hueco del antiguo mihrab con una ancha banda decorativa en forma de U invertida. Allí se entremezclan yeserías con motivos florales (ataurique), con los textos epigráficos, mezclando la escritura cúfica de trazos geométricos y angulosos con una cursiva más ágil e informal. Lamentablemente los paneles están muy deteriorados y mutilados, además de presentar restauraciones inadecuadas.

      Interior de la mezquita de FiñanaInterior de la misma ermita © Fotografía: Pako Manzano

      La decoración vegetal muestra una gran abstracción en la representación, según el antinaturalismo de la cultura islámica, mostrando motivos de palmetas, tallos, digitaciones … dentro de un lenguaje artístico elegante y donde las composiciones se fundamentan en esquemas matemáticos. La repetición se convierte en un elemento de estilo para conseguir una belleza abstracta, al margen del naturalismo cristiano.

      La cubierta muestra una armadura de par y nudillo a cuatro aguas en la nave principal, con tirantes y cuadrales en las esquinas, mientras que las laterales se resuelven con faldones a un agua.

      Ermita de Fiñana (antigua mezquita)Detalle de los paneles de yeserías de ataurique decorando el hueco del antiguo mihrab © Fotografía: Pako Manzano

      LA ALCAZABA

      La prolongada presencia musulmana ha dejado construcciones y vestigios fácilmente reconocibles, especialmente La Alcazaba, pero también otros menos aparentes pero más funcionales y cotidianos, como los sistemas de regadío y canalizaciones, los molinos, la toponimia de la zona o el trazado irregular de las calles asidas a las curvas de nivel en la parte alta. Muchas veces las huellas culturales son mucho más sutiles y menos materiales que las propias edificaciones.

      La Alcazaba es el testimonio material más importante de la huella musulmana, posiblemente anterior al siglo X, pues las crónicas nos mencionan al asedio de Abderrahman III a la fortaleza de Fiñana en el 913 para sofocar el levantamiento de Ibn Hafsun, que llegó a tener en jaque el sistema político del califato.
      Torre de la Alcazaba Volumen de la torre de la Alcazaba con viviendas tradicionales adosadas © Fotografía: Alfonso Ruiz 

      El recinto fortificado se sitúa en la parte alta del pueblo, como defensa de la población civil situada a los pies y para controlar la vía que comunicaba con el interior peninsular. Pero lamentablemente la invasión de las viviendas ha ido destruyendo sus muros para ampliar dependencias y hoy sólo quedan tres torreones (el más conocido es la torre del Reloj) y una línea de murallas rodeando el pueblo como defensa.

      Destaca especialmente un torreón de grandes proporciones, recientemente restaurado y habilitado como mirador. Por ello aconsejamos ascender hasta esta torre más alta conservada, recuperándose su acceso seguro en recientes fechas, pues podremos identificar la fábrica musulmana en tapial  y disfrutar de unas bellas vistas al caserío urbano, dominado por el volumen sobresaliente de la iglesia parroquial de La Anunciación, y en general del Valle del Nacimiento, entre las sierras de Nevada y Filabres, y comunicación natural de la costa a las planicies del interior. Disfrutar de estas vistas será toda una experiencia.

      Torre de la AlcazabaVolumen de la torre principal de la Alcazaba, que permite unas espectaculares panorámicas © Fotografía: Alfonso Ruiz

      ALJIBE

      En cercanía con esta alcazaba y en el pintoresco barrio del mismo nombre, se sitúa un aljibe de abastecimiento de agua para la población que aprovecha la aportada por una conducción y las recogidas en esta parte alta. Responde al modelo tradicional de gran nave longitudinal construida con sólido hormigón como impermeabilizante, y que constituye la gran aportación arquitectónica del mundo romano por su dureza y fácil modelado mediante cimbras, técnica constructiva que pasará a la cultura hispanomusulmana.

      Interior aljibeInterior del aljibe, habilitado como espacio expositivo © Fotografía: Pako Manzano


      Está cubierta con bóveda de cañón con lajas de piedra perfectamente trabadas y con tragaluces en su parte alta. Recientemente ha sido restaurado y reconvertido por el Ayuntamiento en salón para diversas actividades culturales, desde exposiciones a pequeñas conferencias, contrastando con su uso, hasta hace no demasiados años, como establo, colmatado de residuos casi hasta la entrada, pero cuya funcionalidad ha garantizado su conservación y su recuperación reciente.

    • TRAMA URBANA Y HUELLA ISLÁMICA

      El caserío se dispone en una estratégica solana en la ladera de Sierra de los Filabres, territorio duro y árido de montes desnudos de arbolado y poblado solo con algunos escasos arbustos, y donde antiguos balates recuerdan los intentos del pasado de obtener una menguada producción cerealística, hoy en estado de abandono.

      Vista general de GérgalVista general de Gérgal, dominada por los volúmenes de la iglesia parroquial y su castillo © Fotografía: Pako Manzano

    • De la época hispanomusulmana conservamos algunas sepulturas de eremitas o santones y tres fortificaciones. Dos de esos castillos corresponden al modelo de itinerario de época almohade, defensores del camino de Baza a Almería; uno es El Castellón, situado tres kms rambla abajo y que estuvo ocupado durante los siglos XI y XII; el otro la ermita de San Gregorio, justo frente al pueblo y que corresponde a los siglos XII y XIII. El tercer castillo se ubica bajo el castillo cristiano actual.

      La trama urbana de calles en pendiente, casas blancas y cubierta de launa responde a unos modelos ancestrales que podemos remontar al periodo hispanomusulmán. Merece la pena perderse por esas intrincadas callejuelas que parecen remitirnos a un pasado olvidado. El volumen de la iglesia y el castillo dominan sobre el conjunto urbano.

    • Castillo e iglesiaVolumen del castillo cristiano y al fondo la iglesia y la trama urbana © Fotografía: Pako Manzano

    • Casas tradicionalesCasas tradicionales y al fondo el volumen de la iglesia parroquial. © Fotografía: Alfonso Ruiz

    • CASTILLO CRISTIANO

      Esta pequeña pero airosa fortaleza fue levantada sobre una previa fortificación nazarí de los siglos XIII y XIV, y sobre su solar se construye en la primera mitad del siglo XVI por Alonso de Cárdenas, conde de La Puebla, Velefique y Bacares, al recibir en 1492 este territorio en régimen de señorío.

      El símbolo del nuevo poder señorial implantado tras la conquista cristiana será el castillo, levantado sobre el montículo que domina el caserío y el valle. Responde al modelo de un gran torreón central de planta cuadrada (recordándonos la torre del homenaje medieval), al que se adosan cuatro torres ultrasemicirculares más pequeñas en las esquinas.

      Se levanta con mampostería de piedra muy gruesa y sin labrar, esencialmente lajas de pizarra en disposición horizontal, habitual como material constructivo de la zona. La función defensiva predomina sobre la residencial, como muestra la presencia de troneras para armas portátiles batiendo los muros, la protección de la puerta de entrada con una ventana aspillerada y cadahalso, o el que realmente nos encontramos con un postigo, no una puerta, para el acceso a la vivienda, por razones de seguridad, con una entrada en recodo protegida por la torre de acceso para evitar el impacto frontal de los disparos de las artillería.

      Asimismo se utiliza el principio de compartimentación de la defensa a distintos niveles, tal como muestra el patio previo al interior del castillo y tras el postigo de acceso, o la presencia de aspilleras en algunas habitaciones del interior. El muro almenado exterior a modo de barbacana no es original, pero con la restauración realizada se ha integrado visualmente con el edificio.
      El CastilloImponente silueta del castillo con sus torres ultrasemicirculares en las esquinas © Fotografía: Pako Manzano

    • Estos elementos constituyen un arcaísmo en plena etapa de patios porticados y búsqueda de efectos artísticos, durante el Renacimiento, cuando la función residencial y palaciega debe ir unida a la puramente militar.

      Este castillo será protagonista de la rebelión morisca de 1568, donde fueron degollados los cristianos del pueblo. Posteriormente, a la llegada del marqués de los Vélez huirán a las montañas vecinas o pueblos colindantes en manos sublevadas. Tras sofocarse el alzamiento se producirá la repoblación cristiana.

      Recientemente ha sido restaurado por su propietario, José Carlos Maeso, quien la había adquirido en subasta en 1972 en un estado de ruina total.

    • Interior castilloEntrada al interior del castillo y escalera de acceso al adarve © Fotografía: Pako Manzano

 

Galería

Vista general de Abrucena desde el Castillejo
Restos del Castillejo. Abrucena © Fotografía José Ángel Fernández
Vista de Abrucena desde el Castillejo. © Fotografía José Ángel Fernández
Restos del aljibe en el Castillejo. Abrucena © de José Ángel Fernández
El  Castillejo y al fondo Abrucena © Fotografía María Navarro
 Aljibe en Fiñana © Fotografía José Ángel Fernández
Subiendo a la Alcazaba en Fiñana © Fotografía María Navarro
Detalle decoración de la antigua mezquita en Fiñana © Fotografía María Navarro
Castillo de Gérgal © Fotografía José Ángel Fernández

 

 

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